viernes, 27 de junio de 2014

Siempre que miro las estrellas pienso: que pequeña e insignificante soy. 'Dicen' que todas las estrellas son mundos. Mundos como la vía láctea, es decir, soles donde habrán nuevos planetas que giren sobre ellos mismos y alrededor de este. Planetas que, como nos sucedió aquí, esté a la altura ideal para poder formar vida. Vida. Nueva vida. Vida nueva. Personas, humanos, animales, plantas.. Pero diferentes. Hay millones y millones y millones de oportunidades de que encontremos a alguien idéntico a nosotros. No hablo de nuestra media naranja ni rayadas de esas, hablo de una chica que será igual que yo de personalidad o de cara o de cuerpo o todo junto. Sinceramente, yo sí creo que haya vida en otros planetas. En cierto modo, no es que lo crea o no, yo pienso a ciencia cierta que sí debe haber. Pero todo esto algún día tendrá un fin. No un fin para nuestros planetas (eso nunca se sabe) si no un fin para nosotros mismo. El día que podremos marchar. Que nos darán alas para volar. Disfrutar de todo esto que tenemos, pensar y utilizar el cerebro que os han otorgado. Vivir cada momento y no os amargueis que la vida son dos díaz y no habrá más como esta, después ya todo será bajo tierra. 

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