domingo, 30 de agosto de 2015

Y hubo un día.. Fugaz, tan fugaz como aquella estrella que vimos. Después de haberte visto a ti, ninguna brillaba tanto como tú. 
La hora del deseo, el destello. ¿Qué pido yo? 
[...]
No pedí una vida a tu lado, ni momentos, ni manos entrelazadas. No pedí sonrisas ni buenos días. Me límite a pedir autonomía, no acostumbrarme a nada y saber depender tan solo de mi misma. Quería adquirir todos esos adjetivos que me faltaban, antes de que te marchases y lo último que me quedase fuese un aroma a perfume y despedida. 
Pero de todo aquello que pedí, solo una cosa se cumplió. Trás mirar en mi interior y ver mi dolor, mi mucha costumbre, mi poca confianza y la falta de autonomía, en ese instante supe que lo único que se había cumplido fue tu abrazo de despedida. Y el aroma acre. 

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