Pero, quien me dijo a mi, que el mismo que dejo su olor impregnado en cada parte de mi almohada (incluida la que soporta mis pesadillas y mis soñozos), un día dejaría las sábanas frías y un hueco por rellenar. Dije que no me hacía falta deshojar una margarita y quitarle lo más bonito que tiene, solo para saber si me quieres o no, por que yo ya sabía que sí. Pero, con (el/mi) corazón en un puño, veo descender todas mis esperanzas por el precipicio, todas mis confianzas depositadas. Y qué difícil es recordar como se dormia sola y las cosquis de cada madrugada en vela,
pero he aprendido la lección: antes de caer rendida y ser víctima del loco amor, deshoja una margarita y siempre confia. Haz caso.
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