Hasta hace aproximadamente cuatro meses no sabía que tenía una parte de mi que florecía solo con ciertas personas. En esta faceta, nunca paro de sonreir y no me falta ni mucho menos el brillo en los ojos que solo la gente especial sabe ver. Esa sonrisa de corazón que me sale (tal como la llama él, que tanto le gusta). Esa faceta que sale solo cuando sabe que no va a ser juzgada, es prevenida y sabe mejor que nadie quienes son esas personas. No quiere ser dañada y mucho menos juzgada por un juez que no entiende de inocentes. Tal como una flor en primavera, que desaparece cuando se va su fiel amiga que le proporciona calor y protección.
Y que menos que dar las gracias a esas personas, que cada día me abren los ojos y hacen que sean diferentes, todos con un color distinto. Son piezas complicadas de mi puzzle, pero encajan a la perfeccion en mi vida en especial una. Que yo siempre decia que era un limón, ni una naranja ni mierdas. Que miedo eso de ser todos iguales ¿no? Amarga para muchas personas, pero quien sabe tratarme y por donde cogerme tiene ganado el cielo. Y parace que él sin ser limón, naranja ni fruta siquiera sabe qué quiero, qué me pasa y lo más importante, qué hacer para dejar de estar mal. Que me olvide de todo. Lo consigue tan solo con mirarme. Pero que miedo eso de olvidar a una persona que te hace olvidar todo. Que miedo.
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