martes, 26 de mayo de 2015

O le damos mucha importancia a todo o todo nos da demasiada importancia a nosotros.

Pongo en duda muchas cosas que he estado escuchando desde que tengo uso de razón, desde que puedo tomar decisiones por mi propia mano. Por ejemplo, querer no es siempre poder y poder no siempre conlleva querer. Que no necesitamos a nadie para ser feliz, solo lo indispensable que es la familia y los amigos, pero todos dependemos de uno mismo, es decir, de la confianza en nosotros mismo que en estos tiempos de comparaciones y prejuicios escasea como ninguna. 
Siempre nos dicen que somos media naranja y nunca estamos completamente completos si no tenemos a nuestra otra mitad, depender de si llegará o no alguien que nos complete. Porque ven tú a decirme que las personas solteras a una cierta edad, no son felices porque no están "completas". Já. 
Creo firmemente que, antes de ponernos a trabajar en ciertas cosas que no tienen más importancia que la que le damos nosotros, trabajaría la confianza en uno mismo. Una persona que no confía en ella se nota a kilometros de distancia, y sinceramente da pena porque yo sé lo que es sentir esa desconfianza constante sobre ti mismo como un peso muerto que no te deja salir a la luz, y no sabeis lo complicado que es trabajarlo y dominarlo. Hasta tales puntos que ni yo mismo lo he consigo. Si en verdad los primeros que escribimos todas estas gilipolleces, somos los más afectados con todo. O le damos mucha importancia a todo o todo nos da demasiada importancia a nosotros. 
Pero que listo el que demostró un día que con confianza en uno mismo se va a dando se quiera llegar. 
Pero que duro, que duro es domarlo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario