Nadie
dijo que iba a ser fácil. Y te me apareces por todas las esquinas de mi vida.
Parece que siempre estuviste en mi corazón porque no hay quien te arranque del
pecho. Voy sin musa y con el corazón a voces, y ya sabes lo que grita. Los pies
en el cielo siempre, así me va. Que me choco con nubes repletas de agua que me
aguan por dentro. Y salto charcos, y veo nostalgia. Y recuerdos, felices. Que
son los peores. Cuándo encuentre como bajar a la tierra dejaré de soñar. Quizá
en el cielo también haya salidas de emergencia. Quizá te encuentre en uno de
estos paseos interminables por mi cielo, y me vuelvas a decir todo lo que me
dijiste aquel día. Y yo sonría más que nunca. O puede que no te encuentre nunca
más, y se te olvide que un día con sólo pronunciar mi nombre me hiciste
sonreir. Nunca se sabe.
Donde
se esconden las señales cuando las necesito. Y en qué punto del camino
decidiste dar la vuelta. Estamos más lejos que nunca, y la distancia en
kilómetros es la misma. Cuando paseo y me encuentro algún semáforo, deseo que
estés a mi lado para comerte a besos.
Estamos
en primavera y no hay ni flores ni mañanas soleadas. Sólo encuentro un corazón
que se está apagando lentamente, como la sonrisa de un payaso una vez quitado
el maquillaje. Era tan grande y de repente se hace tan pequeña, muere si no
tiene un poco de pintura. Y ya nadie pinta en mi rostro una de esas. Roja, muy
grande. Cosa de los sueños que me tienen reclusa, cosa de la rabia de no poder
hacerlos realidad. Me gustaría decirte que te habría regalado una cada mañana.
Y sin necesidad de pintura. Antes del desayuno y después del primer beso. Y el
resto del día, si me apuras. De tantas veces que te soñé a mi lado me llegué a
creer que podías estarlo. En mi archivo de palabras tristes están todas las que
guardo bajo la cama y la risa de medianoche. Sumerjo mis ganas en lo más hondo
de mi alma, callo todos los "te quiero", y no te digo que mañana
mismo me escaparía para terminar picando a tu puerta. Se congela mi cuerpo, y
este hielo durará mil años si no haces algo. Que te quiero escribir que fuíste
el único que cambió mi mirada triste, y si no lo haces de nuevo caerán gotas de
sal. Gotas de sal que terminarán llegando al mar juntándose con el resto de
lágrimas del mundo. Un gran almacen de tristeza, quizá por eso me llena tanto
mirarlo. Algo agridulce, triste pero a la vez bonito, como todo lo que me
gusta. Los amores imposibles. La poesía a cambio de unos golpecitos en un
órgano perdido, que se pierde cada vez más. Y en mi cabeza está tu voz dando
vueltas como un disco en un tocadiscos lleno de polvo. "Iré a por
tí", viniste y me salvaste.
Pero vuelvo a estar perdida, y no sé donde naufragué. Quizá entre las ganas de verte y los relojes gritándome que el tiempo pasa y cada vez más rapido. Que sólo quiero gritarte y pintar en las paredes de tu calle que te quiero. Que me muero de ganas de verte o se mueren ellas si no te veo. Susurros dando voces, palabras cómo señales y mi alma desnuda cada vez que escribo. Todo lo que no te digo..
Pero vuelvo a estar perdida, y no sé donde naufragué. Quizá entre las ganas de verte y los relojes gritándome que el tiempo pasa y cada vez más rapido. Que sólo quiero gritarte y pintar en las paredes de tu calle que te quiero. Que me muero de ganas de verte o se mueren ellas si no te veo. Susurros dando voces, palabras cómo señales y mi alma desnuda cada vez que escribo. Todo lo que no te digo..
Cada
una de las huellas que dejé en la arena, similar a la que pisé a tu lado, en la
que dejé un corazón que seguro al día siguiente se llevó la marea.
Siempre
me gusto saltar por los tejados, desechar utopías, y volar con una palabra
tuya. La arena fría de las playas en los meses de invierno, escribir nuestros
nombres juntos desafiando cualquier marea. Que el agua se lo lleve todo, y no
quede ni rastro de las sonrisas. Un retrato sonriente, y unos labios que
destiñen bajo la lluvia. Y ni sonrisa, ni nada, sólo queda una mueca recta.
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