jueves, 12 de abril de 2012

#soloella


Lo malo de las adicciones es que nunca acaban bien.
Llega un momento en el que lo que nos ponía eufóricos, deja de hacerlo y empieza a doler. Dicen que no superas tu adicción hasta que no tocas fondo, pero... cómo sabes que lo has tocado?
Porque por mucho que algo te duela, a veces, dejarlo, duele aún más.
Asumir las contradicciones. Y en consecuencia, el dolor de vivir con ellas. Lo que se siente tan adentro no puede esfumarse del todo jamás. Siempre quedará un ascua ardiendo.

Se reanudaron los días felices. No es bueno quedarse colgada del dolor. La vida avanza tan deprisa que no nos permite mirar hacia atrás

Siempre nos queda el futuro y la duda de si durará, todo está en jugar…y sudar. Por eso soy adicta al amor platónico y al placer de la nostalgia, después de todo sé que nada es permanente y que al impaciente se le olvida la miel del presente. Nada es tan urgente, nada tan importante, nada merece más la pena que el instante que tenemos delante y el siguiente, y la oportunidad de hacerlo diferente.


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