Lo malo de las adicciones
es que nunca acaban bien.
Llega un momento en el que lo que nos ponía eufóricos, deja de hacerlo y empieza a doler. Dicen que no superas tu adicción hasta que no tocas fondo, pero... cómo sabes que lo has tocado?
Porque por mucho que algo te duela, a veces, dejarlo, duele aún más.
Llega un momento en el que lo que nos ponía eufóricos, deja de hacerlo y empieza a doler. Dicen que no superas tu adicción hasta que no tocas fondo, pero... cómo sabes que lo has tocado?
Porque por mucho que algo te duela, a veces, dejarlo, duele aún más.
Asumir
las contradicciones. Y en consecuencia, el dolor de vivir con ellas. Lo que se
siente tan adentro no puede esfumarse del todo jamás. Siempre quedará un ascua
ardiendo.
Se
reanudaron los días felices. No es bueno quedarse colgada del dolor. La vida
avanza tan deprisa que no nos permite mirar hacia atrás
Siempre
nos queda el futuro y la duda de si durará, todo está en jugar…y sudar. Por eso
soy adicta al amor platónico y al placer de la nostalgia, después de todo sé
que nada es permanente y que al impaciente se le olvida la miel del presente.
Nada es tan urgente, nada tan importante, nada merece más la pena que el
instante que tenemos delante y el siguiente, y la oportunidad de hacerlo
diferente.
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